Te regalo...

Te regalo un camino de tropiezos y una mano fuerte en tu hombro, para cuando quieras caerte conmigo. Te regalo la multitud de soledades, que te precedieron, para que construyamos nuestros propios días de sol. Te regalo una cadena de errores, para que compartamos culpas, dividamos penas, suprimamos castigos. Te regalo la certeza de que siempre se vuelve al principio, principio y fin de todo este andar. Te regalo los resabios de este corazón, hecho y deshecho y vuelto a armar, que encuentra, en los huecos del tuyo, el ensamble más perfecto. Te regalo la infinitud de las palabras tiernas, que no me sale decirte, pero que pugnan por escapar del pecho. Te regalo las canciones que no escribí, ni voy a escribirte, aunque sepas, que te pertenecen por completo. Te regalo un sinfin de verdades dolorosas y punzantes, que todavía no alcanzo a contarte. Te regalo un cuerpo, común y corriente, que se sabe imperfecto, pero aún así está deseoso de tenerte. Te regalo, en suma, este puñado de pequeñeces, lágrimas y flores que es mi vida, para que en ella dibujes tu silueta, su divino complemento, y empecemos a caminar.

domingo, 12 de julio de 2009

Demasiado amor, demasiados celos, demasiada melancolía, demasiado... ¿Tarde?

Ahora sabe que ya todo da igual, ahora se sienta en el viejo sofá pensando en lo que hizo mal, para terminar un domingo sin saber que hacer a las seis de la tarde con un bonito sol de invierno. Cambia de canal malhumorada recordando de nuevo, porque espera que la vida la vuelva a juntar en aquel momento y cambiar de nuevo su vida. Como si fuera esa simple película que están echando.
Es un poco tarde, piensa entre un resoplo, demasiado para volver a creer en todo aquello que un día le desapareció delante de su cara y todavía no había empezado a disfrutar.

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